VIEJA GRADA ELEVADA

Soy de PM

Pedro Mosquera no es Fede Cartabia. No es el jugador que te vaya a cambiar un partido con una genialidad o una arrancada explosiva terminada en un gol por toda la escuadra. Sin duda no va a revolucionar un partido, porque ese no es su cualidad. Pero sí está preparado para dar equilibrio y fluidez en el juego. Sin estridencias. Sin levantar la voz. En Riazor ya vimos muchos amagos de estrellitas que terminaron estrellados. Quizás sea el momento de más Mosqueras.

Sin lugar a dudas es un buen futbolista que muchas veces no ha jugado bien. Si no llega a ser un buen pelotero hubiese sido un caso perdido. Pero él tiene condiciones y clase. En muchas ocasiones llegó a ser ese buen jugador que disputó simplemente malos partidos. Incluso demasiados, lo reconozco. Pero estoy convencido que el problema no era él. El problema con mayúsculas era el lamentable equipo que tenía el Deportivo. Y a eso voy, al equipo, al grupo, al conjunto. No a las individualidades. Ahí tiene que jugar su papel Pedro Mosquera.

Se trata de un jugador que crece a la par que el Dépor lo hace. Y que se hace diminuto e insignificante cuando el equipo languidece. En la época de Víctor Sánchez del Amo se vio al mejor Pedro. También al mejor Deportivo de la era Tino. Eso fue antes de que el entrenador madrileño perdiera la cabeza y casi armase la guerra mundial en el vestuario de Abegondo. Luego el efecto de Víctor Sánchez del Amo se fue por la alcantarilla y el mejor fútbol del coruñés desapareció. Desde entonces, Mosquera lleva pagando el mismo peaje semana a semana: ¿Dónde está ese Mosquera? ¿Está deprimido? ¿Se relajó con la renovación?

Pues resulta que Mosquera siempre ha estado ahí. Pero caminar con esa presión no debe ser fácil. Igual ese es el problema. Mosquera creció como lo hizo aquel equipo. Y decreció como el resto de sus compañeros hasta la mediocridad. Difícil encontrar en el Deportivo a un futbolista que más dependa del colectivo que él. Pero además, necesita ser mimado. Necesita sentirse querido e importante. Y ese es el papel de Natxo. Una inversión en minutos por el cinco blanquiazul, una apuesta decidida por Pedro Mosquera, por parte del entrenador sería una apuesta por un mejor Depor. Por recuperar al jugador anímicamente y disfrutar de sus condiciones para que Mosquera mejore como lo tiene todavía que hacer el Dépor.

Se trata de un hombre que no deja a nadie indiferente. En su día, el genio José María García resaltó eso como una virtud. Caer en la indiferencia es lo peor que te puede pasar, es decir, ser un mediocre. Y eso se puede aplicar también a muchos aspectos de la vida cotidiana. Y Mosquera entra en el primer perfil al que se refería el Butano como algo bueno: o lo odias o lo adoras. Y yo estoy más cerca de lo segundo. Y voy más allá: no aprovecharse de sus condiciones futbolísticas es un lujo que el Dépor no se puede permitir. Por eso quiero romper una lanza en favor de Mosquera. Yo soy “mosquerista”. Soy de PM.

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