Un resultado como el cosechado ante Las Palmas era algo que se veía venir. La ansiedad del Deportivo y parte de su afición por querer ganar antes de salir al campo ha sido una tónica general en el último mes de competición, y lo que antes era un fortín ahora es una fuente de problemas. La primera derrota en Riazor, lugar antes motivo de positivismo, es la consecuencia lógica tras tres partidos a priori ganables en las quinielas que, por diversas razones, salieron como cruz: un centro del campo superado frente al Tenerife, falta de efectividad contra el Nàstic de Tarragona, relajación y autodestrucción en la visita del Alcorcón y, por último, la ansiedad total frente a la Unión Deportiva Las Palmas. Hasta ahora, lo peor que había sacado el Dépor de Riazor eran empates (tres antes del comienzo de esta mala racha). Ya no. Ese 9 de 9 del que tanto se habló se ha terminado transformando en una losa de exigencia innecesaria que ha afectado a todos.
Es por eso que el parón fruto de la desaparición del Reus (teórico rival de la próxima jornada) llega en el mejor momento posible. Vicente Gómez, que volvió al once tras mes y medio, lo corroboró tras esta amarga derrota: “Quizás venga bien este descanso. La competición es larga y sin parones, y en este momento en el que no estamos logrando ganar, nos va a venir bien uno para refrescar la mente, olvidarnos del fútbol y venir enchufados”. El choque ante el Almería (viernes 22 de marzo, 21h) concluirá esta serie de tres partidos consecutivos en Riazor, que ha acabado convirtiéndose en una pesadilla. Sea como sea, el Deportivo parece ansiar lo que antes rechazaba: jugar fuera de Riazor.
Se continúa acusando también la mala dinámica del equipo en los últimos minutos de los partidos. Este mal endémico de la temporada volvió, pero para vacunar al equipo con un aviso más que serio: “Empieza a preocupar el encajar tantos goles en los últimos minutos. En otros partidos nos costó empates. En este, la derrota”, analizó Pedro Mosquera, receptor de cada vez más murmullos por parte de la grada. Lo que no fueron capaces de averiguar el coruñés y el canario fue la razón de toda esta concatenación de desaciertos: “Es complicado decir qué nos pasa. Estamos generando mucho más, pero no tenemos acierto”, comentó Vicente. “Hay que limpiar la cabeza y exigirse para mejorar, ahora tenemos una semana de parón para limpiar la cabeza”, explicó también tras el partido Eneko Bóveda, que completó: “No quiero dar una sensación de conformismo, pero el mundo no se acaba hoy. Que nadie nos dé por muertos”.
Y en medio de todo está Natxo González, otra víctima de la ansiedad general del Deportivo. Con 0-0 el técnico retiró al propio Mosquera para introducir a Christian Santos, lo que convirtió el partido en un correcalles todavía más evidente, empeorado por la expulsión de desesperación de un Edu Expósito con, quizás, demasiadas responsabilidades encima. La comparecencia de Natxo tras el partido también mostró a un hombre abrumado por este bache del equipo: “No sé si lo que hice fue lo mejor, pero intenté hacerlo lo mejor que puedo”.
