Carlos Fernández está de vuelta. El delantero sevillano ya es uno más después de la enésima recaída de su lesión muscular, aunque la fecha de su vuelta a los onces todavía es una incógnita. Si algo necesita Carlos ahora mismo es prudencia, pero la alegría por haber superado su calvario es inevitable, así como las palabras de agradecimiento a todos los que le han acompañado durante su convalecencia: “Llevaba tiempo esperando este momento. Tengo que agradecer el trato humano que me han dado todas las personas del Club. Desde el presidente hasta Carmelo del Pozo y mis compañeros. Siempre me han ayudado y han sido una pieza fundamental para recuperarme. No busco culpables para las lesiones, son cosas que pasan en el fútbol. Estamos expuestos a ello y esta vez me ha tocado a mí. Han sido unos meses duros, pero estoy feliz de estar de vuelta. (…) Para plantearse este tipo de lesiones hay que pararse a ver qué pasa para tener un buen diagnóstico. Cuando se dio la segunda lesión decidimos ir con pies de plomo”.
A pesar de su corta edad (22 años), Carlos sabe perfectamente lo que es estar en el dique seco. Tanto es así que ya tiene normalizadas ese tipo de situaciones: “No te queda otra que mirar hacia delante y ser fuerte mentalmente. Hay personas en la vida que sí que tienen problemas de verdad, no hay que hacer un mundo de una lesión de isquios. Está claro que para mí es duro, pero una vez que se produce un problema hay que buscarle soluciones. Ha sido un período de mucho trabajo y dedicación, pero soy una persona a la que me gusta mucho lo que hago y disfruto haciendo todo lo que me toca. La mente juega un papel fundamental en el tema de las lesiones, pero yo vengo de problemas de cruzado y menisco y esas situaciones las domino. Personalmente cuando vuelvo a entrenar no me siento condicionado. Si estoy bien estoy bien, y si me da pues como le pudo pasar a cualquier otro compañero”.
Lo que ocurre es que todo el mundo le esperaba. Afición, cuerpo técnico, compañeros… Todos. La desaparición de Carlos de las convocatorias, casualidad o no, coincide con la mala dinámica del Deportivo, pero él mismo se encargó de quitarse importancia. Humildad ante el continuo elogio: “Tampoco creo que el equipo me necesitara para ganar o conseguir buenos resultados. Cada uno está preparado para ayudar y yo soy simplemente un jugador más de la plantilla. Ni mucho menos creo que sea el salvador de nada o que esté encima de cualquier otro compañero. Solo existe uno así y se llama Messi”.
Salvador o no, Natxo González podrá contar con Carlos en la visita al Real Oviedo (domingo 31, 18h), pero el propio jugador es prudente. Aún así, sus ganas de volver a ayudar al equipo le pueden: “Vamos poco a poco. Estamos a principios de semana y las sensaciones son muy buenas, pero eso lo tendrá que decidir el entrenador. Tendremos que ir valorándolo según pase la semana. Si por mí fuera… Uno lo que quiere es aportar. Físicamente me encuentro bien para empezar el partido”.
Vivir lo peor desde la grada
Existe algo peor que pasar por una mala racha deportiva, y es no poder hacer nada para borrarla del mapa. El sevillano se ha visto obligado a probar este amargo caramelo durante los últimos meses: “Eso ha sido lo peor. Cuando uno está en la grada siente que no puede ayudar. Sentirse así es lo más frustrante que hay y es lo que peor he llevado”. Todo lo que ha visto lo ha debido aguantar desde la grada o la televisión. La falta de efectividad, la ansiedad y la crisis en general: “No tienes esa confianza, sales a los partidos y ves que te falta algo, que antes todo fluía más, tenías más precisión en los pases, te sentías más cómodo y ahora ves que el rival te aprieta e incluso te asfixia, pero son momentos que le pasan a los mejores equipos del mundo y estaba claro que nos iba a pasar a nosotros. Ahora estamos en el momento quizá más duro de la temporada y el único camino es seguir trabajando y confiando en todos”.
Todo ello, producto de una Segunda División que lleva varias jornadas presentándole al Deportivo su peor cara: “Nadie dijo que fuera fácil. Desde principio de temporada cuando parecía que en Navidad íbamos a estar en Primera División las palabras eran las mismas, que había que tener tranquilidad, porque era una liga jodida y que podían venir momentos malos. (…) Tampoco podemos tener un paño delante de los ojos y no ver la realidad, pero no queda otra que aceptarlo y mejorarlo. No puedes darte con una fusta, tienes que ponerte a trabajar y como no cambies el chip vas a Oviedo y te pasan como aviones”. Sea como sea, ver a Carlos a tope en los entrenamientos ya es un plus de confianza. Más si vuelve al campo.
