Didier Moreno jugó más de 200 partidos oficiales de liga, copa o competición continental en su tierra colombiana. En más del noventa por ciento se alineó como mediocentro posicional. Cuando llegó al Deportivo alguien decidió que lo hacía como interior en un rol que le exigía un ida y vuelta y una participación en el juego en lugares en los que debe realizar otro tipo de movimientos diferentes a los que hizo durante su trayecto en el fútbol. “Tengo que adaptarme al sistema, no al revés”, explicó el futbolista. Hace alrededor de un mes que Natxo Gonzalez se convenció de que estaba ante un tipo que debía jugar por delante de la zaga y con recorrido menos profundos. Su excelente trabajo en los entrenamientos le tenía persuadido de que Moreno debía alinearse por delante de la zaga. Solo esperaba el momento. Llegó contra el Almería. “Didier fue el mejor del partido y me alegro mucho. Con jugadores como él se puede ir al fin del mundo”. “Me sentí más a gusto en el juego, en lo personal disfruté del partido”, resumió el jugador.
Moreno es un futbolista de resta: en Colombia promediaba una media de siete balones recuperado por partido. Esa producción se redujo a la mitad al llegar a la liga española. Como además lo que sí que duplicaba era su ratio de balones perdidos (casi ocho por encuentro) un sector del deportivismo le puso bajo sospecha. Tampoco le favoreció la eclosión de Edu Expósito para poder consolidarse en el once. Ayer jugó su primer partido completo desde el 30 de septiembre. Fue apenas su novena titularidad de la temporada. “Siempre estuve tranquilo hablando mucho con los compañeros y el míster, que me han dado respaldo y una voz de aliento siempre. Son personas muy humanas que apoyan. Estuve pacientemente esperando la oportunidad y ahora trato de dar lo mejor de mí”, apunta.
El vestuario valora especialmente a Didier Moreno, un tipo vital y optimista, alegre y buen compañero, uno que jamás alzó la voz ni se le vio siquiera una mala cara cuando debió quedarse en el banquillo o en la grada. Otros hubieran roto la baraja cuando en el partido contra el Albacete el entrenador se demoró en la última sustitución y el curso del juego impidió que saltase al campo a pesar de estar preparado para hacerlo junto al cuarto árbitro y el delegado. Natxo se disculpó ante el futbolista e incluso desde la planta noble del club se le hizo un guiño al jugador sobre ese asunto. Su respuesta fue una sonrisa y una declaración de intenciones. “No pasa nada. Si ustedes me dan un minuto lo cogeré, ya tendré la oportunidad en otro partido”.
Quizás la clave de todo esté en las raíces. El río Baudó es como un mar, navegable, amplio, un Amazonas a escala que se abre camino entre platanares, terreno colonizado por Pizarro en en el siglo XVI y que posteriormente se convirtió en refugio de negros, mulatos e indígenas libres, también de huidos de la justicia. Le llamaban tierra de libertad, complicada de someter por la autoridad que representaba al rey de España. Decían que aquel sector, conocido como el Chocó, era un paraíso del demonio. No es sencillo llegar a Bajo Baudó, donde el río forma un estuario rodeado de bananos y maizales, terreno selvático en el que se forjó Didier Moreno. Un confín de gente esforzada que valora cada detalle que la vida les ofrece, en el que ni falta trabajo ni sobran opciones para formarse: apenas hay una escuela de educación elemental, así que el mediocentro deportivista tuvo que mudarse para iniciar el bachillerato. Dejó atrás la playa, su primer campo de fútbol, pero encontró una manera de hacer deporte más reglada y enfocada al profesionalismo.
“Siempre he estado tranquilo”, explica sobre su prolongada suplencia en el Deportivo, una situación nueva para alguien acostumbrado a ser pilar en sus equipos. Tampoco jamás alzó la voz ante los reproches de ese sector de seguidores que no entendían su aportación al equipo. Ante el Almería lo hizo bajo la presión no solo del mal funcionamiento colectivo sino de que Pedro Mosquera se había quedado en la grada y Alex Bergantiños en el banquillo, decisión que levantó ampollas entre la gente en las horas previas al partido. Nada de lo que hizo durante él fue reprochable. “En lo personal me quedé a gusto con mi partido. Siempre he sentido la confianza del entrenador y de los compañeros. El vestuario está tranquilo, concientes de potencial que tenemos y de lo que puede mejorar. Queremos volver a recuperar esa memoria ganadora”.
Toda esa enmienda deberá producirse en Oviedo. Allí Didier Moreno volverá a ser titular y parece complicado imaginar que a partir de ahora lo haga en otra posición que no sea el mediocentro.
